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El Ojo del Maniquí

mi visita

Hacia mucho que no sentía su precensia, desde que estoy en Madrid nos había visitado tan sólo una vez y yo no lo ví, como siempre.

La primera vez que oí hablar de él o de los suyos fue muy pequeña, el lugar dónde vivía era ideal para seres como él y de otra clase, pero te vas habituando a ellos y empiezas a aprender a convivir a veces sin que los notes, aunque estén.

Pero las grandes ciudades no les gustan, por lo menos eso es lo que creo por su ausencia casi absoluta, y digo casi porque hace tres meses nos visitó, visita de doctor, entró, saltó y se fué, tan sólo para dejarse ver como si nos estuviera diciendo: no soy un mito, soy real, aunque ya lo supieramos.

Pues hoy lo sentí de nuevo. El dolor en mi espalda era tan fuerte que me dormí boca abajo, sentí como subía a la cama, antes solía sentarse en mi cama mientras yo leía o escuchaba música pero jamás se ha dejado ver por mí, una lástima en verdad, me muero de la curiosidad. Subia a la cama y yo sentía su peso, un peso físico, se marchó casi de la misma manera que apareció, sólo que esta vez me dejó con mayor curiosidad, ¿es el mismo de siempre? no lo sé, mi conocimiento sobre ellos no llega a tanto.

Hoy pasé frente a una librería y ví un libro sobre duendes, tal vez me pueda resolver algunas dudas. Mañana, si tengo tiempo, pasaré a comprarlo.

Fernanda
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